Enrique Gil Calvo
1. DOS NIVELES DE SEGURIDAD, RIESGO Y COMUNICACIÓN
En principio, la seguridad se obtiene a partir del control del riesgo, por lo que
hacen falta medios de toda clase: materiales y humanos, preventivos y paliativos,
normativos y comunicativos... Aquí se centra la atención en los medios de comunicación,
de manera que partiremos del triángulo conceptual que puede establecerse
entre los objetivos de seguridad civil, los factores de riesgo que la amenazan y
los medios de comunicación, capaces de favorecer o distorsionar el control del
riesgo y la restauración de la seguridad.
Y en cada uno de sus tres ángulos relacionados, la seguridad, el riesgo y los
medios de comunicación, hay que distinguir dos niveles u órdenes de magnitud,
según si nos referimos a los procesos sociales puntuales, considerados por separado
(nivel micro), o su agregación colectiva (nivel macro). De esta forma distinguiríamos
entre la seguridad reguladora y la de control, entre el riesgo controlable y el
imprevisible, y entre la comunicación ordinaria (crónica de sucesos) y la extraordinaria
(acontecimiento mediático).
1.2 Dos niveles de riesgo: normal y catastrófico
Llamaremos riesgo a todo factor que amenace con alterar la seguridad. Pero,
si como hemos visto, en ésta aparecen dos niveles, también en su alteración habrá
que distinguir dos más. La regulación ordinaria está amenazada por el riesgo previsible
de que los ciudadanos incurran en incumplimientos normativos, ya sea
espontáneamente, por efecto de conflictos puntuales o a causa de impactos externos.
Este riesgo ordinario y previsible podemos decir que es normal porque las
autoridades pueden superarlo con éxito mediante procedimientos regulados de
prevención, sanción y reparación, evitando que su incidencia pueda alterar el mantenimiento
del orden bajo control.
Pero además de estos riesgos normales, existen otros extraordinarios que por
su imprevisibilidad escapan a las posibilidades de control, amenazando con desestabilizar
el mantenimiento del orden. Este otro riesgo excepcional se debe al
impacto imprevisto de acontecimientos catastróficos (sociales como los atentados,
o ambientales como los desastres) que desbordan los protocolos de regulación.
Y en estas situaciones de crisis, el orden amenaza con romperse saliendo de
sus cauces ordinarios hasta quedar fuera de control. De aquí viene la necesidad
de declarar estados de excepción creando gabinetes de crisis con poderes extraordinarios
para intervenir en la recuperación del control.
Según la literatura especializada, lo que distingue a ambos tipos de riesgo es
el grado de incertidumbre (López y Luján, 2000). Cuando la probabilidad de ocurrencia
de una amenaza futura puede calcularse objetivamente, o al menos estimarse
aproximadamente, nos encontramos frente al riesgo normal, ordinario y controlable.
Pero cuando su probabilidad de aparición no puede medirse ni estimarse,
dada su naturaleza radicalmente imprevisible, nos enfrentamos al riesgo excepcional
o catastrófico, para lo que no hay prevención posible, por lo tanto los medios tienen toda la responsabilidad de
informar con exactiud.
1.3 Dos niveles de comunicación: crónica y acontecimiento
También los medios informativos intervienen ante la irrupción de riesgos sociales
y ambientales. Así ha de ser, ya que sólo son noticia las malas noticias, y los
riesgos son las peores. De aquí que los medios de comunicación dediquen a la
información de riesgos un espacio muy generoso, que despierta poderosamente
el interés del público. Un espacio tan voluminoso que en la prensa sensacionalista
llega a convertirse en desproporcionado. Pero en todo caso, esta información de
riesgos también se dispone en dos niveles, relativos a las dos clases de riesgos.
Del riesgo ordinario y controlable se informa en la crónica de sucesos, que en
honor a su título (crónica) es una sección fija tan redundante y previsible como la
información meteorológica; como la crónica de tribunales, con su cuota periódica
de crímenes y litigios, o como el comunicado semanal del tráfico, donde se registra
la ración de accidentes mortales. Algo que por su periódica recurrencia casi no
es noticia, en la medida en que resulta perfectamente previsible.
Pero además de dar aviso cotidiano de los riesgos ordinarios que se producen
periódicamente, los medios también dan la voz de alarma frente al impacto imprevisto
de los riesgos excepcionales o catastróficos. Y lo hacen, además, con su
característico alarmismo, extendiendo la alarma social. Pero si los avisos de riesgo
normal se dan en forma de crónica de sucesos, la voz de alarma frente a los riesgos
excepcionales adopta el formato de acontecimientos mediáticos (Dayan y Kaz,
1995): interrupciones de la programación habitual para retransmitir en directo unos
hechos que por su trascendencia pública se califican de históricos.