Nota Editorial

Todos los periodistas y los medios tienen la obligación de entregar una información correcta y amplia de los asuntos públicos especialmente en momentos de catastrofes.

Un desastre natural es imposible de evitar. Y en estas situaciones se genera una mayor necesidad de información. Por ello, esa noche, todos los chilenos que habitaban las zonas afectadas intentaron reponer formas de iluminación alternativas, buscaron contactarse con los familiares y amistades más cercanas, y ambicionaron sintonizar algún medio de comunicación para informarse.

La población tras un terremoto y ante cualquier desastre vive un momento prolongado de desasosiego y vulnerabilidad, como resultado de la experiencia amenazante que acaba de sufrir. De ahí que los medios de comunicación adquieran una gran importancia social como informadores y formadores de opinión, condicionen en gran medida el comportamiento de la población y pueden contribuir a que tanto individual como colectivamente se pueda enfrentar de mejor manera el evento catastrófico.

Desde la perspectiva de la reacción de la sociedad y de las tareas para superar la emergencia todo desastre es un proceso que integra varias etapas, cuyos límites no siempre son claros y fáciles de identificar y que por experiencia histórica de la humanidad se pueden definir en: mitigación del impacto, respuesta a la emergencia y recuperación. En todas ellas, las instituciones, la comunidad y los medios de comunicación tienen un rol relevante.

El trabajo periodístico tiene siempre una alta carga de responsabilidad social, dado que la actividad informativa es también un servicio público y esa característica se acrecienta en momentos de crisis como la vivida.
Como reconocimiento han contribuido a la localización de damnificados; han coadyuvado a dimensionar los reales efectos del desastre; han localizado a extraviados; han llegado a los lugares del desastre, muchas veces, anticipándose al arribo de las autoridades; han realizado transmisiones en directo desde los sitios donde se registraron las emergencias, con narraciones de lo acontecido y testimonios de los afectados.


Valeria Ocampo Porras
Managua, Nicaragua.

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